Juventud y mente flexible

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Una de las características asociadas a la vejez es tener una mente inflexible, lo que significa que uno se cierra a aprender y descubrir nuevas formas de ser y sentir la vida, lo que le hace a uno sentirse encerrado en sus propios pensamientos y razonamientos. Y todo lo encerrado, a la larga, se vuelve iracundo, desesperado y fastidiado.

Para los pequeños, aprender no es ningún trabajo: puede haber muchos retos para un niño, pero jamás un niño tiene la mente cerrada, aunque parezca muy terco, caprichoso o inflexible, su mente es fresca y joven, esta abierta y receptiva, aun  no esta programada ni condicionada con toda esa información que vamos aprendiendo o admitiendo de pequeños.

Sin embargo, a un niño si se le puede enseñar a tener una mente cerrada, lo cual es una de las causas que más limitan y entorpecen la vida de un ser humano. ¿Cómo se le enseña a un niño a tener la mente cerrada? ¿Cómo es que a los adultos les cuesta tanto cambiar e intentar o admitir cosas nuevas?

No es que un papá o un maestro se ponga a explicarle a un niño como ser inflexible o cerrarse a nuevas oportunidades, cambios o alternativas. Una mente cerrada la copiamos de pequeños, la absorbemos de las actitudes de los padres, maestros y personas que nos rodean.

Cuando un padre no quiere escuchar, cuando un maestro juzga a un alumno por comportarse de ciertos modos y lo limita a expresarse, cuando se consienten o permiten actitudes que refuerzan el creer que el punto de vista personal es el más importante, valioso y acertado, se esta enseñando, entre otras cosas, a ser viejo, es decir, se esta enseñando al niño a encerrarse en si mismo, a no aceptar ni escuchar, a no compartir y probar lo nuevo, a aislarse en su mundo: se le esta enseñando a  no permitir que lo nuevo y lo diferente fluya y engrandezca la vida.

La información que de pequeños nos muestran los que nos rodean con sus actitudes, puede dispararnos sentimientos de inseguridad, desaprobación y hasta miedo de probar, considerar y relacionarnos con lo que es nuevo, diferente y fresco para nuestra mente.

Las cosas viejas son aquellas que están encerradas, desgastadas y caducas. La mente no puede ser vieja a menos que sea lo que elijamos, y no le permitamos ventilarse con lo nuevo. La juventud se puede reconocer porque algo esta fresco, vigoroso y vibrante, porque algo es inquieto y curioso. En la mente, la juventud eterna existe, pero sólo si nos permitimos pensamientos y actitudes así. Otra de las cualidades de algo joven es la suavidad y la firmeza: las texturas de la piel en un bebé o un joven son suaves y firmes. La mente puede volverse joven si nuestros pensamientos son suaves, flexibles y firmes, es decir, que nos sabemos conducir con pensamientos firmes, pero suavemente, con flexibilidad. Lo viejo es flácido, caído y sin fuerza. Así como vives tu vida así piensas, así como te sientes, así es como esta tu mente.

El cuerpo madura y se va transformando con el tiempo, pero la mente funciona distinto, la mente es algo que no puede envejecer sino madurar. Y la madurez no es sinónimo de vejez, es sinónimo de saber dulcificar, suavizar y exprimirle el mejor jugo  a cada experiencia con nuestros pensamientos.

Si sientes te sientes desganado, harto o encerrado en lo mismo, sería bueno que consideres como estas pensando la vida y que pensamientos rondan por tu cabeza la mayor parte del tiempo. Y luego observa a los niños y fíjate como son: exploran, gritan, se ríen, dicen lo que piensan, prueban, juegan… ¿Qué tanto de esto a perdido tu vida?

Alma de niño o actuar como un niño

Cabe acentuar que la diferencia entre tener el alma de niño y actuar como un niño no es lo mismo: actuar como un niño significa tener todo lo que ellos tienen pero actuar con inmadurez, es decir, que aun dependemos mucho de los demás y de lo demás para sentirnos con ánimos y gozosos. Tener el alma de niño significa que uno tiene las cualidades antes mencionadas, pero que poco a poco ha aprendido a conducirlas maduramente, es decir, que uno va dependiendo cada vez menos de los y lo demás para sentirse alegre, gozoso y divertido.

Actuar como niño es encapricharse y decir lo que se siente sin pensar ni razonar, sin madurez, echando culpas a los demás y creyendo que los otros son responsables de nuestra infelicidad o condición, reclamándoles y exigiéndoles amor, consideración y respeto.  ¿A cuanta gente mayor no vemos que se comportan así? Tener el alma de niño es ir reconociendo que todo lo que sentimos y tenemos en nuestra vida es nuestra responsabilidad, pero no por eso perdemos el sentido del juego, de la exploración y el gozo, de la alegría y la experiencia nueva. reconocer que nosotros somos los que creamos nuestra vida significa que sabemos reírnos, disfrutar y probar lo nuevo a pesar de lo demás, significa que nuestra mente esta joven, no importa la edad que tenga nuestro cuerpo.

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