Berrinches y rabietas en los niños

Berrinches y rabietas en los niños

Muchos padres creen que con amenazas, castigos, gritos y reproches sus hijos aprenderán a comportarse y a dejar de un lado las rabietas. Otros creen que si complacen al niño en todas sus exigencias y demandas, este se comportara más contento y maduro. Nada más erróneo que esto. El comportamiento autoritario o muy permisivo de los padres o maestros tan sólo provoca que los niños se vuelvan intolerantes, rebeldes, enfadaos y muy berrinchudos.

Si tu niño es muy berrinchudo, no cabe duda que sabe como manipular la situación y, de alguna forma, ha tomado el control de esta. Una de las cosas que influye más en que un niño sea berrinchudo es que los papás o maestros les consienten o permiten actitudes que a sus pareceres no deberían ser, pero que, a final de cuentas, acaban cediendo ante la demanda impositiva del niño.

Cuando un niño no distingue limites claros, y el carácter del padre es vago y confuso, lo más probable es que el pequeño se volverá muy demandante y caprichoso. Los padres que no saben decir que no, y que en su personalidad hay rasgos de culpa (como madres que trabajan y que se sienten culpables por dejar al niño encargado, o madres solteras que no tienen pareja y que se sienten culpables por esto) por lo general tienden a querer compensar lo que no le pueden dar al niño, como tiempo o una figura paterna o materna, con darle lo que el niño desea.

Falta de límites claros

Muchas madres o padres no son conscientes de que no ponen limites claros  hasta que alguien se los hace ver. Muchos padres suelen ser muy exigentes y levantan castigos severos y exagerados a sus hijos que luego no pueden cumplir, y tienen que ceder o cambiar el castigo, lo cual enseña al niño que el límite o palabra del padre no tiene mucha validez. Por ejemplo, hay padres que suelen decir para educar a su hijo: “Por pegarle a tu hermano no verás la tele en un mes”. Pero apenas ha pasado un día o dos cuando el padre considera que puede atenuar o quitar el castigo, lo cual enseña a l niño que la palabra del padre no es firme.

Por otro lado, hay padres que dicen. “No te compraré el refresco porque te hace daño”. Lo dicen firmes y convencidos. Pero, si al niño no le ha parecido la decisión del padre (como suele suceder) este empezara con peticiones insistentes. Si el padre no sabe mantenerse con su palabra y cede, más tarde el niño habrá aprendido a que puede manipular al padre de una u otra forma.

Si el niño a aprendido a que el carácter de su padre es permisivo e indulgente, entonces poco a poco aumentara sus rabietas con el propósito de conseguir lo que desea.

¿Qué hacer ante una rabieta de un niño?

Lo primero es evitar todas las amenazas posibles, los golpes y los gritos. Esto tan sólo demuestra que el padre ha perdido todo el control de la situación y fomenta que el niño se vuelva más rebelde y berrinchudo, y que copie incluso la agresividad y violencia del padre.

Lo más recomendable es que el padre se mantenga firme en su palabra, aún incluso si ha demostrado antes poco carácter. Lo mejor es explicar al niño de forma firme y serena que se ha tomado una decisión y que así será, sobre todo cuando el niño esta acostumbrado a hacer rabietas y a salirse con la suya. Por ejemplo: “Sé que otras veces he cedido, pero en esta ocasión no será así, así que puedes patalear y gritar, pero no te lo compraré.”

Otra cosa es aprender a no castigar al niño, sino a hacerlo responsable de sus acciones, llegando a acuerdos no exagerados y realistas con él. Por ejemplo: “Si le pegas nuevamente a tu hermano, entonces decidirás no ver esta noche  tu programa favorito”. Si el niño incumple el trato, no hablarle fuerte ni reprenderlo o castigarlo. Simplemente explicarle que el mismo ha roto el trato y que el ha decidido quedarse sin disfrutar su programa de tv.

Se debe mantener uno firme sin ceder ante las posibles rabietas del niño, explicándole que el ha decidido no ver el programa, y que el adulto tan sólo respeta el trato. De esta forma el niño se hace maduro y responsable ante sus acciones, e irá comprendiendo que, aunque haga berrinche y proteste, el padre no cederá.

Este carácter firme (no duro), calmado y seguro, es lo que ira ayudando al niño a que mengue sus rabietas y berrinches y empiece a madurar su mundo emocional.

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